miércoles, 23 de abril de 2014

LAS CARTAS SIN REMITENTES. 2


      Me desperté a la mañana siguiente, estaba todavía conmocionado con lo sucedido. “tengo que evadirme” pensé. Mi manía ante la limpieza era tal que me negaba a tener sucio el mas mínimo rincón de mi casa. Al desayunar y ensuciar has un vaso, tenía que lavarlo. Claro está que necesitaba bañarme desde que desperté, pero el miedo, al estar cerca del baño, aumentaba y el recuerdo que a mi mente viene del agua me atormentaba. Una vez lo ordene todo, cogí mi abrigo y salí de mi casa.

     Era un día de frio pero eso no me importaba. Fui al parque más cercano y a medida que pasaba el día se oscurecía más y más el cielo, y no era porque Helio tirara de su carro y se llevara el sol, sino porque las nubes cubrían el cielo impidiendo ver el más pequeño rayo de sol. Cuando me iba a ir, me levante y me puse bien la chaqueta y comencé a andar. Algo me obligo a mirar al banco que estaba a mi izquierda y me percate que una carta estaba en él. No ponía nada, pero sabía, por el lazo azul que la envolvía, que era para mí. La cogí y cuando quise abrirla para empezar a leer, comenzó a llover y, a prisa, fui hasta mi casa y una vez dentro me senté en mi sillón. Yo tenía un reproductor de música y mil discos, todos con los grandes de la música clásica: Bach, Mozart, Chopin, y mi favorito Beethoven. Me puse a escuchar a Beethoven, la 5ª sinfonía era mi favorita. Las cuerdas discutiendo, con los instrumentos de viento, por la supremacía de la orquesta, haciendo única cada audición. Abrí la carta muy despacio, con miedo, pero con seguridad. Claro estaba, otro poema:

Veo que te gusta Beethoven
Sus obras me recuerdas
Por la magnitud de las cuerdas
A cuando yo joven.

Tchaikovski yo creo
Que es mucho mejor
Con golpes de tambores
Quita de mi vida lo peor. 

Escucha su obertura de
Mil ochocientos doce
Y comprobaras que la muerte
Acecha en los rincones

 

     Yo no le haría caso a una carta, sin saber quién es el remitente, pero por lo que me paso, creo que sería mejor hacerle caso. Puse la obertura y empezaron los cánones. Mi obsesión me ganó y con miedo, fui a bañarme mientras, de fondo, se oía esta obra tan maravillosa. Me fui hasta la bañera y me bañe con bastante pavor, pero de pronto empezó el agua a salir muy fría. Salí de golpe, ya bastante frio hacía en la calle como para que yo m bañara con el agua así. Salí con mi albornoz y fui hasta el sótano, cuando llegué vi un charco formado por una gotera de una vieja tubería que estaba allí. La tenía que cambiar, pero no había tenido tiempo. Mire la caldera y estaba apagada. Alguien la había apagado y eso me dio bastante pavor. Quise salir corriendo de allí pero cuando me di cuenta el charco no era un charco, ya había crecido y me llegaba por el tobillo y muy rápidamente empezó a aumentar el nivel del agua. Corriendo llegue hasta las escaleras y cuando me di la vuelta habían casi metro y medio de agua. Aquello me pareció una locura, pero así era. Vi una sombra moviéndose en el agua pensando que era un suéter metí el brazo, cuando lo iba a tocar empezaron a sonar los tambores y me sorprendí, la puerta se cerró de golpe y cuando miré a ella algo me cogió del brazo. Cada golpe de tambor que Tchaikovski daba me india mas y ese ser que me agarro y me golpeaba contra el suelo y los objetos de mi alrededor. No podía mantener más la respiración, en ese momento entendí que el lazo azul de la carta era una clara referencia a mi hundimiento en el agua y a mi muerte. Quede inconsciente.

Desperté en mi sillón y un camino de agua desde el sillón hasta el sótano. Estaba empapado y con grandes hematomas por todo mi cuerpo. Alguien había cambiado el disco y había puesto a Chopin. La marcha fúnebre. Alguien iba a por mí. Sabía que iban a por mí. Pero como habían entrado, ¿cómo una carta escrita desde hacía horas sabía que oiría y en qué momento? Todo era muy extraño. Me levante y mire el sótano. Abrí la puerta con la sensación que algo había allí. Pero no había nada. No había NADIE. Todo estaba seco. Corrí a la ducha, me termine de duchar y me fui a dormir. No sabía cómo conseguía dormir con todo lo que me pasaba. Pero la pregunta más importante era: ¿Qué me pasaría al día siguiente?

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