martes, 22 de abril de 2014

LAS CARTAS SIN REMITENTES

     Una noche, no quiero recordarla bien, estaba intentando dormir. Ya era tarde. Aun así llamaron fuertemente a mi puerta. Salté de mi cama y, como alma llevada por el diablo, corrí hacia la puerta. Antes de yo abrir grité: ¿Quién es? Nadie contesto. Más fuerte aun grité: ¡¿Quién eres?! Mas nadie contesto. La puerta parecía derrumbarse con cada golpe. Para parar tal ruido abrí de par en par la puerta. NADIE. No había nadie y NUNCA HABRÍA NADIE. Lo que si vi fue una carta en el suelo. La cogí y una vez que estaba en mi habitación, me senté en la cama y la abrí. Un escalofrío intenso me recorrió todo el cuerpo. Parecía que algo estaba detrás de mí, miré y no había nadie, estaba completamente solo y todas las ventanas cerradas. En letra cursiva, un poema corto pero algo aterrador:


Bienvenido a este mundo
Al que nunca has de temer.
Sitio del que no te podrás esconder.
Donde reina el sueño profundo.

Esta carta está abierta,
Ya eres de los nuestros.
Pues estas letras que te muestro
Son, del infierno, la puerta. 

El lazo que tocaste,
Era de color rojo magenta.
Como el color de la sangre
Que a tu cuerpo sustenta. 

Como esta, habrá seis más,
Cada una tendrá un color
Que para ti simbolizara
Lo que a este mundo te unió.



     No sabía que quería decir la carta y tampoco si era, verdaderamente, para mí, solo había un lazo rojo y lo que más me sorprendió: no tenía remitente. Pensaba que era una broma. Todo era una broma de los amigos que por allí vivían.

     Entre tantos pensamientos y el color que tenía, comencé a sudar. Me fui a duchar. “una ducha fría me aliviara” pensé. . Soy alguien muy estricto con eso. Cuando estaba en la ducha noté algo viscoso sobre mí. Cuando mire me aterré. Era sangre, pero no sangre normal, sino sangre más clara. Era de color rojo, rojo magenta. Corriendo, Salí de la ducha, empecé a secarme, cuando me mire al espejo no tenía nada, solo me vi a mi mojándolo todo con AGUA.
      Me quede sorprendido. Mire dentro  de la ducha y solo había agua. Volví a entrar, aunque con miedo, y termine de ducharme. Una vez en mi cama, medite, hasta caer en los brazos de Morfeo, sobre lo que me había pasado. ¿Lo imagine o fue real? No tenía explicación, no lo comprendo. ¿Cómo fue posible? ¿Estaré loco?


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