Me desperté a la mañana siguiente, estaba
todavía conmocionado con lo sucedido. “tengo que evadirme” pensé. Mi manía ante
la limpieza era tal que me negaba a tener sucio el mas mínimo rincón de mi
casa. Al desayunar y ensuciar has un vaso, tenía que lavarlo. Claro está que
necesitaba bañarme desde que desperté, pero el miedo, al estar cerca del baño,
aumentaba y el recuerdo que a mi mente viene del agua me atormentaba. Una vez
lo ordene todo, cogí mi abrigo y salí de mi casa.
Era un día de frio pero eso no me
importaba. Fui al parque más cercano y a medida que pasaba el día se oscurecía más
y más el cielo, y no era porque Helio tirara de su carro y se llevara el sol,
sino porque las nubes cubrían el cielo impidiendo ver el más pequeño rayo de
sol. Cuando me iba a ir, me levante y me puse bien la chaqueta y comencé a
andar. Algo me obligo a mirar al banco que estaba a mi izquierda y me percate
que una carta estaba en él. No ponía nada, pero sabía, por el lazo azul que la envolvía,
que era para mí. La cogí y cuando quise abrirla para empezar a leer, comenzó a
llover y, a prisa, fui hasta mi casa y una vez dentro me senté en mi sillón. Yo
tenía un reproductor de música y mil discos, todos con los grandes de la música
clásica: Bach, Mozart, Chopin, y mi favorito Beethoven. Me puse a escuchar a
Beethoven, la 5ª sinfonía era mi favorita. Las cuerdas discutiendo, con los
instrumentos de viento, por la supremacía de la orquesta, haciendo única cada audición.
Abrí la carta muy despacio, con miedo, pero con seguridad. Claro estaba, otro
poema:
Veo
que te gusta Beethoven
Sus
obras me recuerdas
Por
la magnitud de las cuerdas
A
cuando yo joven.
Tchaikovski
yo creo
Que
es mucho mejor
Con
golpes de tambores
Quita
de mi vida lo peor.
Escucha
su obertura de
Mil
ochocientos doce
Y
comprobaras que la muerte
Acecha
en los rincones
Yo no
le haría caso a una carta, sin saber quién es el remitente, pero por lo que me
paso, creo que sería mejor hacerle caso. Puse la obertura y empezaron los cánones.
Mi obsesión me ganó y con miedo, fui a bañarme mientras, de fondo, se oía esta
obra tan maravillosa. Me fui hasta la bañera y me bañe con bastante pavor, pero
de pronto empezó el agua a salir muy fría. Salí de golpe, ya bastante frio hacía
en la calle como para que yo m bañara con el agua así. Salí con mi albornoz y
fui hasta el sótano, cuando llegué vi un charco formado por una gotera de una
vieja tubería que estaba allí. La tenía que cambiar, pero no había tenido
tiempo. Mire la caldera y estaba apagada. Alguien la había apagado y eso me dio
bastante pavor. Quise salir corriendo de allí pero cuando me di cuenta el
charco no era un charco, ya había crecido y me llegaba por el tobillo y muy rápidamente
empezó a aumentar el nivel del agua. Corriendo llegue hasta las escaleras y
cuando me di la vuelta habían casi metro y medio de agua. Aquello me pareció
una locura, pero así era. Vi una sombra moviéndose en el agua pensando que era
un suéter metí el brazo, cuando lo iba a tocar empezaron a sonar los tambores y
me sorprendí, la puerta se cerró de golpe y cuando miré a ella algo me cogió
del brazo. Cada golpe de tambor que Tchaikovski daba me india mas y ese ser que
me agarro y me golpeaba contra el suelo y los objetos de mi alrededor. No podía
mantener más la respiración, en ese momento entendí que el lazo azul de la
carta era una clara referencia a mi hundimiento en el agua y a mi muerte. Quede
inconsciente.
Desperté en mi sillón y un camino de agua desde
el sillón hasta el sótano. Estaba empapado y con grandes hematomas por todo mi
cuerpo. Alguien había cambiado el disco y había puesto a Chopin. La marcha fúnebre.
Alguien iba a por mí. Sabía que iban a por mí. Pero como habían entrado, ¿cómo
una carta escrita desde hacía horas sabía que oiría y en qué momento? Todo era
muy extraño. Me levante y mire el sótano. Abrí la puerta con la sensación que
algo había allí. Pero no había nada. No había NADIE. Todo estaba seco. Corrí a
la ducha, me termine de duchar y me fui a dormir. No sabía cómo conseguía
dormir con todo lo que me pasaba. Pero la pregunta más importante era: ¿Qué me pasaría
al día siguiente?
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